El gobierno de la ciudad alemana de Hamburgo ha prohibido que las máquinas de café de los edificios públicos funcionen con las populares cápsulas monodosis –un sistema creado por la multinacional suiza Nestlé en 1986 con la marca Nespresso–, como parte de una serie de medidas de mayor alcance de carácter medioambiental para reducir los residuos.

Como parte de estas medidas, las autoridades de Hamburgo han prohibido comprar “ciertos productos contaminantes” con dinero público. El veto incluye normas específicas para los “aparatos de bebidas calientes en los que se utilizan envases monodosis” y señala específicamente a las máquinas de café que funcionan con cápsulas. “Estos envases monodosis provocan un consumo de recursos y generan residuos innecesarios”, dice un informe. En este mismo sentido, Jan Dube, portavoz del departamento de Medio Ambiente y Energía de Hamburgo, ha dicho en declaraciones a la BBC que “las cápsulas no se pueden reciclar fácilmente, porque a menudo están hechas de una mezcla de plástico y aluminio” y ha añadido que “en Hamburgo creemos que las cápsulas no sedeben comprar con dinero de los contribuyentes”. Por su lado, Jens Kerstan, senador de Medio Ambiente y Energía de Hamburgo, dijo –también a la BBC– que la medida mandaba una señal importante: “Con un poder de compra de varios cientos de millones de euros al año, la ciudad puede ayudar a asegurar que los productos nocivos para el medio ambiente se compran con menos frecuencia”.

Según Víctor Mitjans, director de estudios de la Fundació per la Prevenció de Residus i Consum, el principal problema radica en los dos tipos de residuos que llevan las cápsulas: el poso de café que es orgánico además del aluminio y el plástico. Según Mitjans, esto complica mucho su reciclado, pues requiere de una recogida específica –porque no hay ninguno de los contenedores actuales que encaje con su composición–, y después un tratamiento en una planta de reciclaje especializada. En Catalunya sólo hay un planta que pueda hacerlo, localizada en Jorba (Anoia). Pero es que además, añade Mitjans, hay cápsulas de plástico y otras de aluminio, lo que aún enreda más la situación.

Nespresso ha manifestado que la decisión del gobierno de Hamburgo permite “destacar que cada vez tiene más importancia ser sostenible en todo lo que hacemos”. Según la propia empresa, Nespresso cuenta con un programa de reciclaje que es capaz de tratar el 80% de las cápsulas usadas y con 14.000 puntos de recogida en 31 países.

Pero para Mitjans esto tampoco es una buena solución: “En Barcelona hay 3.000 contenedores y quizás 100 puntos de recogida de las cápsulas. Sería mucho más fácil que se pudieran depositar en alguno de los contenedores que ya existen”. En su opinión, tampoco se puede trasladar la responsabilidad de separar el residuo orgánico del inorgánico al consumidor, ya que piensa que “la empresa que introduce un producto en el mercado es la que tiene la responsabilidad de diseñarlo para que sea fácil de reciclar y para que su recogida selectiva se haga con un sistema fácil de entender”. En opinión del director de la Fundació per la Prevenció de Residus, una posible solución podría pasar por que los fabricantes dieran un valor en dinero a las cápsulas y pagaran a los consumidores una cantidad cada vez que devolvieran una usada, tal y como se hacía antiguamente con los envases.

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